Terrores nocturnos y pesadillas

Qué hacer cuando los niños tienen terrores nocturnos y pesadillas

Los terrores nocturnos y las pesadillas en niños no afectan a todo el conjunto de la población infantil pero su aparición, la mayoría de las veces, está vinculada a un desarrollo evolutivo normal y su curso va desapareciendo con la edad. No obstante, hay que tener en cuenta la frecuencia y duración en el tiempo de estos fenómenos ya que el sueño de los más pequeños es frágil y los terrores nocturnos y las pesadillas pueden ser un indicador de que algo no va bien.

Se suele utilizar la frase “dormir como un niño” como un sinónimo del buen sueño y es que, sin duda, muchos de nosotros recordamos la infancia como una época en la que las ganas de dormir sobrevenían intensamente sin importar el lugar o la situación. Sin embargo, los terrores nocturnos y las pesadillas en niños pueden ser vividos como un evento estresante que puede llegar a condicionar la hora de ir a la cama de los más pequeños y ser motivo de alarma para los padres.

Terrores nocturnos en bebés

Los terrores nocturnos y las pesadillas en niños y bebés parecen eventos parecidos y se confunden con frecuencia, a pesar de sus considerables diferencias. Ambos fenómenos pueden tener una temprana aparición, en torno a los 18 meses, aunque se estima que los terrores nocturnos tienen un comienzo evolutivo anterior a las pesadillas, alcanzando los primeros  un máximo de ocurrencia en torno a los 2-3 años y desapareciendo en el inicio de la adolescencia. En cuanto a las pesadillas, estas aparecen entre los 3-6 años y presentan su pico de prevalencia e intensidad precisamente en la edad adolescente.

Las diferencias básicas entre los terrores y las pesadillas son las siguientes:

  • Las pesadillas ocurren durante el sueño REM, es decir, en la segunda mitad de la noche, mientras los terrores nocturnos ocurren en primer tercio.
  • Los terrores nocturnos producen una intensa activación motora y fisiológica, dilatación de pupilas, incorporación brusca de la cama gritando, agarrando las sábanas o la almohada. Las pesadillas, por el contrario, apenas generan movimiento y las vocalizaciones son silenciosas.
  • En las pesadillas los niños son capaces de recordar el contenido del sueño de forma más o menos elaborada. Por el contrario, en los terrores nocturnos apenas sí se recuerda una imagen, la que está infringiendo tanto pavor, pero no se puede contar una historia sobre ella.
  • Los niños tienen contacto con la realidad cuando se despiertan tras tener una pesadilla. En los terrores nocturnos no existe contacto con la realidad y hay dificultad para responder a los estímulos externos.

Terrores nocturnos en niños

Los terrores nocturnos, de forma aislada, se consideran un fenómeno bastante frecuente en la infancia. Entre un 30%  y un 40%  de los niños los ha experimentado alguna vez, siendo en la infancia algo más propio de niños que de niñas. No se sabe con seguridad cuáles son las causas de los terrores nocturnos si bien suelen relacionarse con situaciones de ansiedad que ocurren durante el día, así como con factores genéticos y madurativos.

Los terrores nocturnos suelen estar asociados a otras alteraciones del despertar o parasomnias como el sonambulismo. Parece ser que hay una alta incidencia entre familiares por lo que puede haber una base hereditaria para ambos sucesos. Respecto a los factores madurativos, una hipótesis bastante aceptada es que los terrores nocturnos estén relacionados con un retraso en la maduración del sistema nervioso central, de ahí la desaparición normal de los episodios durante la adolescencia.

No obstante, está bastante aceptada la idea de que los terrores nocturnos están conectados con eventos estresantes o traumáticos que el niño o la niña pueda estar viviendo. Las situaciones de ansiedad predisponen a la aparición de los terrores, por lo que si los niños los sufren de manera frecuente es conveniente averiguar qué está ocurriendo en el colegio o con sus amigos. Si los terrores pueden responder a situaciones traumáticas como un fallecimiento de alguien cercano o el divorcio de los padres, conviene consultar a un psicólogo experto en conducta infantil.

Terrores nocturnos en adultos

A pesar de que esta parasomnia desaparece de forma gradual durante el crecimiento y remite de forma espontánea en la adolescencia, son algunos los adultos que siguen experimentado terrores nocturnos. Hay varias causas, entre las que cabe mencionar el consumo de sustancias como el alcohol y los ansiolíticos u otras relativas al cansancio y los estados febriles, los cuales suelen aumentar las fases de sueño lento en las que aparecen normalmente los terrores.

Pero sin duda, los terrores nocturnos, al igual que en la población infantil, tienen relación con el estrés emocional, por lo que su ocurrencia puede ser un síntoma de algún trauma no resuelto o un reflejo claro de la angustia diurna. Si experimentas terrores nocturnos con frecuencia, no lo dudes, consulta a un profesional de la psicología.

Terrores nocturnos y pesadillas

Si tus hijos tienen terrores nocturnos o pesadillas, hay algunas recomendaciones que puedes tener en cuenta:

  • Terrores nocturnos: tras un episodio de terror nocturno existe miedo intenso y signos de alerta tales como tener los ojos abiertos, taquicardia y sudoración. No se debe forzar al crío a despertarse ni a que nos responda, sino tener paciencia hasta que vuelva poco a poco a mantener contacto con la realidad y poder acompañarle suavemente a la posición horizontal, acariciándole y hablándole en voz baja con palabras tranquilizadoras. No se debe preguntar sobre el contenido de la imagen atemorizante sino calmarle, recordándole que está a salvo en este momento.
  • Pesadillas: La aparición de las pesadillas es posible en momentos de estrés psicosocial agudo o crónico, por lo que es conveniente reducir este impacto hablando con el menor del suceso y estableciendo una comunicación afectiva y empática. Se les puede invitar a que cuenten su historia mediante dibujos, facilitando de esta manera que la angustia pueda expresarse durante el día. Asimismo, con frecuencia los episodios se relacionan con elevados niveles de activación durante la tarde y la noche (ver películas de miedo, videojuegos violentos) o con la ocurrencia de situaciones ansiógenas como una discusión parental. Es importante para ello mantener rutinas orientadas al inicio y mantenimiento del sueño, como horarios y hábitos de higiene así como la retirada de actividades demasiado excitantes horas antes de acostarse.

Es importante, por tanto, vigilar la frecuencia, duración y mantenimiento de los terrores nocturnos y pesadillas en niños pues estos trastornos del sueño infantil pueden pasar de ser un fenómeno común en el desarrollo infantil a convertirse en un indicador de estrés emocional o de falta de hábitos saludables que lleguen a condicionar de manera grave el sueño y salud de los más pequeños.